Revista Perspectivas de Salud
La revista de la Organización Panamericana de la Salud
Volumen 8, Número 2, 2003

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Lágrimas, amores, traiciones ...y mensajes de salud
por Paula Andaló

Por décadas, las telenovelas latinoamericanas han cautivado al público con historias emocionantes de romances, pecados, castigos y heroínas que triunfan sobre la adversidad. Pero, para los defensores de la salud pública, también son un medio ideal para transmitir mensajes positivos que promuevan estilos de vida más saludables.

 Illustration José Alfredo es mexicano y tuvo que acostumbrarse a una silla de ruedas desde que un accidente lo dejó postrado hace dos años. Pero ese límite físico no ha sido una barrera para su desarrollo personal: juega al básquet, tiene su propia zapatería y acaba de casarse con una bella muchacha. Su lema es "tú estás derrotado cuando te sientes derrotado". Julia es argentina y está harta de sufrir los golpes y las humillaciones de su marido. Después de 15 años de sufrimiento, logra denunciarlo y se anima a arrojarle a la cara una demanda de divorcio y a cambiar de vida. Capitú es brasileña y le muestra un preservativo a su pareja, mientras le indica con un gesto que lo harán con eso... o de ninguna manera.

¿Qué delgada línea separa a estos hombres y mujeres de ficción de tantos que existen en la vida real? Los personajes de las telenovelas Entre el amor y el odio (Univisión, 2003), Sin marido (Telearte, 1988) y Lazos de Sangre (TV Globo, 2000) son apenas algunos de los muchos ejemplos que muestran cómo estos ciclos televisivos de impacto mundial pueden ser el medio ideal para transmitir mensajes positivos de salud y calidad de vida.

La telenovela es uno de los géneros de mayor audiencia. Según explica Nora Mazziotti, profesora en la carrera de Ciencias de la Comunicación de la Universidad de Buenos Aires y autora del libro La industria de la telenovela, "son muchos los registros en diversos países sobre la repercusión de este género, que hablan no sólo de su importancia comercial sino también de su significación cultural y social".

Estas especiales historias de amor nacieron con éxito en América en la década del 60, cuando guionistas cubanos, con Delia Fiallo a la cabeza, comenzaron a adaptar las historias de los radioteatros a la televisión. Desde sus inicios, estos relatos que abordan temas de la tragedia clásica —la traición, el amor prohibido, el castigo— cautivaron al público latino.

Sin embargo, desde hace poco más de dos décadas, su capacidad para atrapar al espectador traspasó los límites del continente, captando audiencias impensadas. En China, por ejemplo, 450 millones de personas siguieron la novela brasileña La esclava Isaura. El 70% de la población rusa se emocionó con la tira mexicana Los ricos también lloran. En España, la venezolana Cristal se transmitió siete veces y, la primera vez, su desenlace fue visto por once millones de personas.

Con estas cifras en la mano es inevitable la pregunta: ¿la telenovela será la vía por excelencia para diseminar mensajes de salud? Estas tiras, casi sin proponérselo, influyen en las prácticas sociales. La identificación de la audiencia con los personajes es muy estrecha. Los televidentes se ven fácilmente reflejados en las penurias de los protagonistas y, tal vez por eso, pueden adoptar un nuevo comportamiento de manera natural, sin sentir que están haciendo algo alejado de sus realidades. Por eso, expertos en comunicación y en salud pública buscan formas de insertar mensajes de salud y cambio de hábitos de vida en medio de lágrimas, traiciones y amores imposibles.

Al principio, los mensajes eran básicos, intuitivos, tales como "fumar es malo" o "es bueno estudiar para ser alguien en la vida". Pero con el tiempo comenzaron a tratar temáticas sociales más complejas y así se convirtieron en una guía sutil pero eficaz para instalar conciencia en el pensamiento colectivo acerca de cuestiones controversiales de salud pública, como también para promover una sociedad más ética y saludable.

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