Perspectivas de Salud - La revista de la Organización Panamericana de la Salud
Volumen 9, Número 1, 2004
Cover of the magazine
 Photo of Mauricio de Sousa with the gang
Se ha llamado a Mauricio de Sousa "el Walt Disney brasileño". Pero su misión va más allá de la diversión. Sus historietas enormemente populares de "Mónica" también son el medio perfecto para transmitir mensajes positivos sobre la salud y la vida. Foto ©Richard Morgan

¡Aquí está Mónica!

"Mónica" debe de ser el personaje famoso más pequeño del país más grande de América del Sur, ya que mide apenas cuatro centímetros. Pero también es una de las brasileñas más conocidas y más queridas.

Su serie de dibujos animados más reciente logró ratings muy altos en la televisión infantil italiana en marzo de este año. Sus libros de historietas han estado entre los 11 títulos infantiles más vendidos en los últimos 40 años, y hoy en día se publican en 40 países en 14 idiomas, entre ellos el griego y el javanés. Es posible que, próximamente, una película protagonizada por Mónica se estrene en los cines de su ciudad.

Esta niña tan despierta de 7 años, que lleva un conejito en los brazos, es una creación del talentoso caricaturista brasileño Mauricio de Sousa, cuya calidad artística y éxito en los negocios han llevado a que algunos lo llamen "el Walt Disney brasileño". Con un equipo de 150 artistas, Mauricio –como se lo conoce– ha construido un imperio de historietas que se enorgullece de tener el 75% de participación en el mercado brasileño de publicaciones para niños, y ha vendido hasta ahora mil millones de ejemplares de historietas y libros. La empresa Mauricio de Sousa Productions publica libros de cuentos, libros de actividades, historietas gigantes y en miniatura y álbumes de calcomanías; produce programas de televisión y películas animadas; además es dueña de dos parques de diversiones. Mónica y sus amigos del vecindario son sólo una pequeña parte de los aproximadamente 200 personajes de Mauricio, que se utilizan en unos 3.500 productos de marca registrada, fabricados por 150 empresas en todo Brasil.

Pero el talento notable y el impulso empresarial de Mauricio están a la par de su sólida conciencia social. El caricaturista utiliza a sus personajes favoritos no sólo para divertir sino también para enseñar y convencer. En los últimos 20 años ha publicado centenares de "historietas por una causa", sobre problemas que van desde la contaminación del agua y el aire hasta la higiene, las enfermedades del corazón y el hábito de fumar. También produjo historietas especiales sobre ambientes sanos para los niños y sobre la seguridad vial, destinados a las campañas anuales del Día Mundial de la Salud de la Organización Panamericana de la Salud (OPS) en 2003 y 2004. En abril, Mónica y sus amigos aparecieron en una historieta especial de la OPS para la Semana de Vacunación en las Américas. Los personajes de Mauricio también han aparecido en anuncios de servicio público difundidos mundialmente como parte de campañas de lucha contra las drogas, para combatir el dengue, y de promoción de una maternidad sin riesgos.

En 2003, Mauricio fue designado por la OPS "Campeón de Salud" por su aporte en la comunicación de mensajes de salud pública tanto a niños como a adultos.

 Mónica

Originalmente, la inspiración para crear el personaje de la niña provino de su segunda hija, Mónica, quien hoy en día es la directora de licencias de la empresa. La Mónica imaginaria apareció por primera vez en 1963 en una tira cómica de un periódico, basada en el personaje de un niño, "Cebollita". Pero Mónica se adueñó del escenario, como la líder de su pandilla, activa e independiente, que defiende su papel frente a la competencia de los chicos del vecindario. Los amigos de Mónica incluyen a Cebollita (que pronuncia las "r" como "w"); a Cascarón, (el cómplice de Cebollita, enemigo de bañarse); y a Magáli, (la mejor amiga de Mónica, afable y amante de las golosinas).

Otras creaciones de Mauricio son Chico Bento y sus amigos, un simpático grupo de campesinos; Tina, que representan los altibajos de la adolescencia; y Horacio, un dinosaurio huérfano que busca respuestas a las preguntas más difíciles de la vida (y quizá represente el alter ego de Mauricio).

Mauricio, como ambientalista entusiasta que es, también ha creado otras dos series, "La pandilla del bosque" y "Los amazónicos", en las cuales los animales de la selva tropical viven en armonía con el ambiente y rechazan las amenazas externas a su bienestar. Mauricio afirma que "si los niños aprenden a querer a los animales de la selva tropical ahora, en el futuro los protegerán".

Para todas estas actividades, Mauricio aprovecha su experiencia como padre de diez hijos y sus profundas convicciones sobre las responsabilidades de la paternidad. Considera que los niños son "una copia en carbónico del comportamiento de sus padres, por lo que los padres deben ser modelos de comportamiento, ejemplo y referencia para sus hijos".

También dice: "los padres deben mostrarles a los hijos el camino para ser personas decentes, guiándolos pero también respetando su independencia y creatividad. Hay que prestar atención a los niños, descubrir qué les interesa y brindarles todas las herramientas que van a necesitar para crecer intelectualmente y convertirse en seres humanos con confianza en sí mismos, adaptados y felices", dice.

Como la mayoría de los niños, cuando era pequeño Mauricio se sintió atraído por las historietas. La diferencia está en la intensidad de su atracción. "Pienso que la chispa llegó con la primera historieta que cayó en mis manos –recuerda–. Tenía relatos de aventuras, cuentos cómicos y páginas en color. ¡Era fascinante!"

"Recuerdo la emoción de descubrir cada texto, cuento, tema, ilustración... llegaban como una avalancha. Cuando me preguntaban qué personaje me gustaba más, yo decía ‘todos’".

Mauricio dice que antes de aprender a leer, simplemente trataba de adivinar la historia. "Cuando no podía adivinarla, hacía que mi madre me explicara el misterio de las letras que llenaban las burbujitas". Su madre lo ayudó a aprender a leer a medida que crecía su curiosidad, en parte por interés propio. "Como tenía muchas cosas que hacer, pronto se dispuso a enseñarme las primeras letras. De esa forma, yo iba a poder entender los cuentos por mí mismo y ella tendría más tiempo para ella".

Mauricio fue un lector voraz desde sus primeros años hasta la adolescencia. Entre sus lecturas favoritas estaban las páginas tamaño tabloide de un suplemento especial para niños en O Globo, uno de los principales periódicos brasileños, y más tarde "Gibi", la serie de historietas más exitosa del país antes de que apareciera "Mónica y sus amigos". Todo lo que el artista leía se convertía en "modelos" para lo que finalmente iba a ser "mi galería completa de personajes", explica. Entre los personajes de historietas a los que admiró mientras crecía menciona a Li’l Abner, de Al Capp; Alley Oop, de Vincent Hamlin; Flash Gordon, de Alex Raymond; y Popeye, con sus "cuentos cortos tan originales".

El camino de Mauricio para llegar de niño entusiasta a magnate de las historietas no fue directo ni estrecho. Su primer empleo pagado fue como cronista policial.

"Cuando fui a la Folha de São Paulo (uno de los principales periódicos brasileños), quería hacer historietas, pero no pude encontrar trabajo –recuerda–. Uno de los periodistas se preocupó porque me veía desesperado y me dijo ‘¿Por qué no empiezas aquí haciendo alguna otra cosa mientras perfeccionas tus dibujos? Relaciónate con gente que pueda juzgar lo bueno que eres’". El único puesto vacante era el de cronista policial, y Mauricio cuenta que lo aceptó a pesar de que ver sangre lo hacía desmayarse. "¡Creo que era el único cronista policial que no soportaba ver un cadáver! Tenía que pedirle al fotógrafo que me describiera el aspecto de la víctima".

La experiencia fue invalorable para enseñarle a Mauricio a escribir con sencillez y concisión. "La gente me decía ‘corta esto, corta aquello’", recuerda, y le hacían podar el texto hasta dejar sólo lo esencial del quién, qué, cuándo, dónde, cómo y por qué. La capacidad de síntesis le permitió más tarde mejorar sus destrezas como caricaturista "porque en las burbujas de las historietas, mientras menos se escriba, mejor".

 Parte de una historieta

También se convenció de la importancia "del verbo". Afirma que "unos dibujos maravillosos, sin una buena historia no sobreviven". A la larga, sin embargo, el éxito de Mauricio no sólo se debería a la creación de personajes e historias interesantes. También hacían falta aptitudes para el mercadeo. Su padre, un artista que se ganaba la vida como barbero, siempre le había insistido a su hijo sobre la importancia de lograr el reconocimiento de su trabajo como artista. Cuando Mauricio todavía estaba en la escuela secundaria, su padre convenció a su amigo Bruno Castiglioni, un pintor de éxito, para que guiara a su hijo en el arte de vender sus obras. "Yo solía salir con Bruno y trataba de aprender cómo era él, y vendía mis dibujos. Siempre tuve esa preocupación por administrar bien mi trabajo", dice Mauricio.

Pero la influencia artística más importante en su vida fue su abuela muy querida, Vó Dita, quien vivió hasta los 101 años.

"Era la mejor narradora de cuentos que haya conocido", señala. Aunque era analfabeta, la abuela Dita compartió con sus cuatro nietos un abundante repertorio de cuentos folklóricos brasileños y europeos, relatos de la Biblia, leyendas indígenas y –lo mejor de todo, afirma Mauricio– cuentos de fantasmas que "nos llenaban de miedo".

Mauricio recuerda su agudo talento para la narración: "Un sentido perfecto del ritmo en la narrativa, su selección de los temas más variados, su noción exacta del momento y de la atmósfera para el final".

Él heredó de su abuela Dita algo más que el talento para contar historias. Recuerda que le impresionaron mucho los recuerdos de su abuela sobre su propia niñez en la granja familiar, donde pasaba sus días cocinando, limpiando, lavando ropa y trabajando en el campo, pero sin ir a la escuela. Recién al final de la tarde le quedaba tiempo para nadar o jugar con sus muñecas hechas en casa con chala, las hojas que envuelven la mazorca de maíz.

Comparada con la de Mauricio, la infancia de la abuela Dita no parecía una niñez. Cuando fue adulto, Mauricio decidió convertir "el derecho a ser niño" en una de sus causas. Aún sigue en esa lucha: "En la región del Amazonas y en otras zonas lejanas, todavía hay niños que viven en esas mismas condiciones espantosas", afirma.

Su pasión por narrar y la simplicidad de la niñez han moldeado su expresión y filosofía artística, que se inclina hacia "imágenes universales de alegría y comunicación", dice. Éstas, a su vez, hacen de sus historietas –con su lenguaje sencillo, directo y lleno de humor– un vehículo natural para comunicar mensajes sobre problemas sociales en forma clara y positiva.

 Mónica

Mauricio ha ampliado su lista de "buenas causas" para incluir una serie sobre problemas de salud, educación, cultura y medio ambiente. Ha trabajado en campañas de bien público no sólo con la OPS, sino también con organizaciones como UNESCO, UNICEF, la American Heart Association, y distintos ministerios brasileños. Para administrar mejor esta actividad cada vez mayor de servicio público, el caricaturista fundó, en 1977, el Instituto Cultural Mauricio de Sousa, para realizar campañas de acción social.

Uno de los esfuerzos más audaces fue una campaña de mayo de 2002 con el fin de restablecer la protección para la región amazónica de Brasil. En una serie de tiras cómicas, en la página web de Mónica y sus amigos (www.monica.com.br), y en entrevistas de prensa, Mauricio criticó a los legisladores legisladores brasileños por suavizar las leyes ambientales destinadas a impedir la destrucción de la Amazonia.

En un boletín y en su página de Internet dijo: "Toda nuestra pandilla está triste y, a partir de hoy, nos vestiremos de negro como señal de duelo y de protesta. Todo porque algunos de nuestros políticos en Brasilia, la capital de Brasil, han decidido cambiar algunas leyes que todavía protegen en cierta medida nuestras selvas tropicales, nuestros bosques, nuestras zonas verdes, nuestros ríos". Cuatro días después, los legisladores anularon los cambios.

Mónica va al cine
La tecnología ha avanzado mucho desde que Mauricio de Sousa comenzó su carrera como dibujante, y el artista-empresario no deja pasar las oportunidades... [Más...]

Como apoyo a una campaña de UNICEF para promover los derechos de los niños y los adolescentes, Mauricio publicó 26 millones de ejemplares de la historieta de Mónica y sus amigos, dedicadas a los derechos de los niños, la libertad de expresión, de culto, la salud y la escolaridad pública.

La labor de servicio público de Mauricio le ha ganado el reconocimiento nacional e internacional. Ha recibido la medalla de honor de la Presidencia brasileña, concedida por su promoción de los derechos humanos; un doctorado Honoris Causa en servicio público del Instituto Pacem in Terris de la Universidad La Roche, de Pittsburgh, Pennsylvania; y un premio por toda una vida de logros entregado por la Asociación Internacional de Prensa del Brasil. También es miembro de la junta directiva del Instituto Pacem in Terris, de la Universidad La Roche, que otorga becas para estudiar en los Estados Unidos a estudiantes de países en guerra o crisis política.

Lo que sustenta toda esta labor –con o sin fines de lucro– es lo que Mauricio describe como su "confianza en el futuro y en la gente, más allá de todas las barreras sociales, ideológicas y geográficas".

"Todos queremos para nuestros hijos un mundo mejor, y oportunidades para realizar sus sueños –afirma–. Para lograrlo, tenemos que enseñarles el amor y el respeto mutuos".

Clare Davidson es periodista independiente y vive en San Pablo, Brasil


Volver al índice