—tomado del Boletín Epidemiológico, Vol. 22 No. 1, marzo 2001

Terremotos en El Salvador

El 13 de enero del 2001, El Salvador fue azotado por un fuerte terremoto de una magnitud de 7.6 en la escala de Richter, el cual se ubicó en latitud 12°52’N y longitud 88°46’W. El epicentro se localizó frente a la Costa Pacífica de El Salvador, a 65 Km al sur de Usulután y con una profundidad de 60 Km (Figura 1). El terremoto fue sentido desde Costa Rica hasta México. Este fue un evento sísmico de gran magnitud, siendo su origen una zona de ruptura inclinada, que abarca una extensión de unos 100 Km en dirección paralela a la Fosa o Trinchera Centroamericana con una superficie de ruptura de aproximadamente 6000 Km2.

El 13 de febrero a las 8:22 a.m., un mes después del primero, se presentó un segundo terremoto, cuya magnitud fue de 6.6 en la escala de Richter. Su ubicación fue en San Pedro Nonualco, 30 Km al sureste de San Salvador y tuvo una profundidad de 6 Km. Este terremoto fue sentido en Guatemala y Honduras y su origen fueron las fallas locales. El análisis del mecanismo focal indica que se asocia a una falla geológica de inclinación muy vertical de tipo desplazamiento de rumbo, cuya dirección presenta la posibilidad de que sea en sentido norte-sur o rumbo este-oeste. Este fue un sismo superficial, asociado a la cadena volcánica central de El Salvador y originado de una fuente sísmica diferente a la que produjo el terremoto anterior.

Centroamérica está sujeta a una serie de fracturas geotectónicas a nivel global y también se encuentra expuesta a fallas locales en todos los países que lo conforman (Figura 2). Por el norte, en el Atlántico, se encuentran interactuando la Placa de Norteamérica y la Placa del Caribe, divididas por la Fosa del Gran Caimán; en la parte sur, en el Pacífico, se distingue la Placa de Cocos a lo largo de todos los países centroamericanos (zona de subducción) formando la Fosa de Mesoamérica. Esta estructura geológica llega hasta la cresta de Cocos al nivel de la frontera entre Costa Rica y Panamá. La placa de Nazca actúa a nivel de Panamá, a través de la Placa Galápagos con movimiento paralelo al bloque de Panamá que afecta también a Costa Rica a través de una falla transcurrente. Esta estructura tectónica genera importante actividad sísmica y ha provocado grandes temblores destructivos en la región Centroamericana. En los últimos cien años El Salvador ha sido afectado por al menos 13 sismos de gran magnitud. Entre los más destructivos se pueden mencionar: el de Jucuapa-Chinameca del 6 de mayo de 1951; el de San Salvador del 3 de mayo de 1965 y el de San Salvador del 10 de octubre de 1986.

Es de notar que ninguno de los terremotos que habían afectado el país se compara con los daños ocasionados por estos últimos. Adicionalmente a los daños directos causados por el terremoto se presentaron desprendimientos de las montañas ocasionando una destrucción mayor. En El Salvador, el Comité de Emergencia Nacional (COEN), integrado por los Ministerios de Defensa Nacional, del Interior, Seguridad Pública, Obras Públicas, Agricultura y Ganadería, Relaciones Exteriores, Educación, Salud, Instituciones de Socorro, Científicas, Autónomas, Organismos Internacionales y la Empresa Privada, es el organismo que coordina las actividades de las instituciones estatales, autoridades locales, entidades autónomas, instituciones de socorro y de servicios y de algunas organizaciones no gubernamentales. Este comité comenzó a reunirse un día después del terremoto y proporcionó los primeros datos sobre la magnitud y severidad de los efectos del evento en la población, y los fue actualizando diariamente.

Los datos proporcionados por el COEN hasta el 21 de febrero de este año contabilizan 944 muertos; 5.565 lesionados y 1.364.160 damnificados, lo que representa una tasa de mortalidad para el país de 15,04 por 100.000 habitantes. Sin embargo algunos departamentos fueron más seriamente afectados, como el departamento de La Libertad con la tasa de mortalidad más alta de 100,43 por 100.000 habitantes. Se estima que el 21,74% de la población del país fue damnificada, siendo los departamentos con mayor población damnificada Usulután y La Paz, con casi el 100% y el 79% respectivamente.

Con relación a las estructuras afectadas hubo 1.155 edificios públicos dañados, 169.792 viviendas dañadas, 108.261 viviendas destruidas, 688 viviendas soterradas, 405 iglesias y 43 muelles dañados, ascendiendo a un total de 280.344 construcciones afectadas. El 38,6% de las construcciones afectadas correspondió a viviendas destruidas. Los departamentos con la mayor proporción de viviendas destruidas entre las construcciones afectadas fueron: La Libertad (50,6%), Usulután (48,5%) y Cuscatlán (47,1%).

Con relación al daño a la infraestructura de salud, a pesar de que no hubo perdidas totales, fueron dañados 19 (63%) hospitales, 75 (21%) unidades de salud y 12 (7%) centros de salud del total de la infraestructura de salud establecida.

Los daños ocasionados en la red de abastecimiento de agua fueron severos. Los principales daños se presentaron en los tanques de almacenamiento, en las plantas de bombeo de los sistemas que abastecen de agua a algunos sectores de San Salvador y en la infraestructura en general en las regiones Central, Occidental y Oriental. Los daños reportados ascienden a más de cinco millones de dólares.

Las personas afectadas y evacuadas de las zonas de riesgo fueron ubicadas en 82 albergues distribuidos en 10 de los departamentos más afectados, llegando a contar con un total de 64.606 personas albergadas. El departamento de La Libertad registró el mayor número de albergues (18) y personas albergadas (31.397).

Dadas las características epidemiológicas que presentaba el país al momento del terremoto, incluyendo: 1) el encontrarse saliendo de una gran epidemia de dengue, 2) la presencia de una epidemia de enfermedad diarreica por rotavirus, 3) la circulación esporádica de Vibrio cholera, 4) la presencia de zonas endémicas de malaria, 5) antecedentes previos de presencia de casos de leptospirosis y 6) la presencia de un frente frío que afectaba al país posterior al desastre, entre las principales condiciones, las autoridades de salud del país activaron un sistema de vigilancia epidemiológica para lograr una mejor vigilancia y control después del desastre. A este sistema se notificaba diariamente la sospecha de más de 20 padecimientos. Las condiciones sanitarias en las que se encuentra el país después de desastre y las características epidemiológicas favorecen la presencia y diseminación de estos padecimientos, por lo que requieren una vigilancia estrecha.

Hasta el 16 de febrero del presente año los principales problemas presentados fueron infecciones respiratorias agudas con 117.871 casos (tasa de incidencia de 1.878,2 por 100.000 habitantes), enfermedades diarreicas y gastroenteritis con 29.128 casos (464,1), dermatosis 8.620 casos (137,4), traumatismos 7.901 casos (125,9) y depresión y trastornos de ansiedad con 7.252 casos (115,6). Hasta esta misma fecha se habían otorgado 515.250 consultas médicas.

El 13 de febrero ocurrió un segundo evento de menor magnitud (6.6 grados en la escala Richter). Se presentó en un escenario ya colapsado por el primer terremoto, lo cual ha venido a agravar la situación existente. Al 21 de febrero el COEN reporta 315 defunciones, 3.399 lesionados y 252.622 damnificados, con una tasa de mortalidad para el país de 5,0 por 100.000 habitantes. La zona afectada incluye los departamentos de Cuscatlán, La Paz y San Vicente, los cuales tuvieron una tasa de mortalidad de 81,3, 19,8 y 54,0 por 100.000 habitantes respectivamente.

Con relación a las estructuras, hasta el 21 de febrero se habían contabilizado 57.375 construcciones afectadas, de las cuales 41.362 (72,1%) se destruyeron totalmente. La mayor proporción de construcciones afectadas se observó en el departamento de La Paz con 88,7%, seguido por San Vicente y Cuscatlán con el 66,9% y 62,3% respectivamente.

En ambas ocasiones, la Organización Panamericana de la Salud respondió inmediatamente al desastre ocurrido en El Salvador movilizando recursos financieros y técnicos tanto nacionales como internacionales, a través de las distintas áreas de cooperación técnica. Estas áreas son las de desastres, vulnerabilidad de estructura, evaluación hospitalaria, sistema de suministros humanitarios/FUNDESUMA (SUMA), salud mental, salud ambiental, información y análisis de información y comunicación social.

Inmediatamente después del terremoto del 13 de enero del presente año, la comunidad internacional se hizo presente en el país para brindar su ayuda solidaria tanto financiera, como en recursos humanos y materiales, para apoyar las actividades que se realizaron a favor de la población salvadoreña. En estas labores se contó con personal de rescate, médico, de enfermería, paramédicos y brigadistas de una gran cantidad de países, además de personal de Organizaciones No Gubernamentales (ONG’s), que efectuaron actividades de apoyo en el control sanitario de la situación que prevalecía en el país. Hasta fines del mes de febrero el monto total recibido para los dos terremotos es de 11.611.598 dólares americanos, los cuales proceden de los gobiernos, organismos internacionales, sociedad civil, organismos no gubernamentales, bancos y empresas privadas.

Referencias:
(1) OPS. Representación en El Salvador. Terremoto en El Salvador. Available at: http://www.ops.org.sv/terremoto/
(2) Comité de Emergencia Nacional. Ministerio del Interior, El Salvador. Available at: http://www.coen.gob.sv/
(3) Centro de Coordinación para la Prevención de los Desastres Naturales en América Central. Sismicidad en Centroamérica. Available at: http://www.cepredenac.org/temas/sismo/
(4) Universidad de Chile. Departamente de Geofísica. Available at: http://www.dgf.uchile.cl/
(5) Departamento de Investigaciones Sismológicas. Centro de Investigaciones Geotécnicas. Ministerio de Obras Públicas de El Salvador. Cronología de sismos destructivos en El Salvador. Available at: http://www.geotecnico.com/sismologia/1crono.htm
(6) Incorporated Research Institutions for Seismology. Available at: http://www.iris.washington.edu/

Fuente: Preparado por las Dras. Gabriela Fernández y Guadalupe Verdejo del Programa Especial de Análisis de Salud (SHA) y el Dr. Luis Jorge Pérez del Programa de Preparativos para Situaciones de Emergencia y Socorro en Casos de Desastre (PED) de la OPS.

Para más información visite la página de desastres de la OPS.

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